miércoles, 8 de abril de 2015

¿A qué vamos a la universidad?

"Sé plural como el universo"
Fernando Pessoa 

A raíz de la reelección del rector de la Universidad Nacional de Colombia, Ignacio Mantilla, y las protestas que le prosiguieron, se alzaron de nuevo ciertas voces desde algunos sectores pidiendo a los estudiantes que por favor se dediquen a estudiar, estudiar y solo estudiar, que para eso es que se va a la universidad. Durante toda mi vida universitaria he rechazado y criticado con vehemencia los actos violentos, ya que considero que afrentan contra valores universitarios básicos que algunos de sus autores presumen defender, como la autonomía y la libertad, pero, ¿ realmente vamos a la universidad exclusivamente a estudiar nuestras carreras?

Al parecer, quienes elevan estos reclamos no saben o no quieren reconocer que la presunta misión de la universidad va mucho más allá de esa simpleza, y que desde hace muchos años las universidades intentan, con todas sus dificultades, formar seres humanos integrales, lo que implica que los miembros de la comunidad podamos realizar actividades que nos interesen y apasionen aunque sean ajenas a nuestros currículos académicos. 

Claro está que el estudiante de física que quiera pasar toda su carrera sumergido en sus ecuaciones y sus teoremas, está en todo su derecho; y que el estudiante de deportes que invierta todo su tiempo entre las aulas, el gimnasio y el coliseo, no debería tener muchas dificultades para hacerlo. Pero quienes tenemos intereses más amplios también debemos y afortunadamente aún tenemos en las universidades una fuente de posibilidades para saciar nuestros deseos e intentar cumplir nuestros objetivos.

Es apenas normal entonces que muchos vayamos a la universidad, además de a estudiar, a hacer otras cosas como trabajar, entrenar, practicar nuestros hobbies, divertirnos con nuestros amigos, conocer nuevas personas, debatir nuestras ideas, leer textos diferentes a los de nuestras asignaturas, entre muchas otras. La vida universitaria es una etapa en la que cada uno de nosotros distribuye su tiempo como mejor le parezca, de acuerdo a las necesidades y deseos específicos. Pretender uniformar el tiempo y actividades que realizamos dentro de los campus, acabaría con varios de los aspectos positivos de estas instituciones, como el de ser un lugar de pensamiento y debate, de diversidad y libertad, de diversión y reflexión.

En cuanto al tema político, que es evidentemente el que más molesta, no digo que los estudiantes universitarios estemos obligatoriamente llamados a cambiar el rumbo de la historia, como afirman algunos discursos grandilocuentes; ni que esté bien que muchos usen los espacios comunes solo para actividades no académicas, pero no veo tampoco nada de malo per se en que los estudiantes interesados en los asuntos políticos internos, locales, nacionales e internacionales expresen sus opiniones y formen diferentes tipos de asociaciones para defenderlas, discutirlas y divulgarlas. Después de todo, la política está presente en nuestra cotidianidad y saber entenderla es también importante para formar ciudadanos íntegros y capaces de aportar a la sociedad desde sus respectivas disciplinas e ideologías, desde sus visiones del mundo, desde sus sueños. 

Voy a la universidad a vivir, no a encerrarme en alguna coraza. Cada uno decide entonces si se queda en su burbuja, o se enfrenta al mundo para observarlo, entenderlo, y, por qué no, intentar transformarlo.

martes, 3 de febrero de 2015

Comparaciones odiosas- Respuesta a Iván Rodrigo García

Hace una semana publiqué una respuesta a una columna del buen escritor pereirano Gustavo Colorado sobre el ateísmo,la cual ha generado una polémica debido a lo que muchos consideramos una generalización irresponsable y mal argumentada de lo que opinan y consideran los ateos, los cuales, como aclaré en el escrito anterior, son un grupo tan heterogéneo, que no pueden meterse todos dentro del mismo conjunto sin caer en errores. 

Unos días después, el señor Iván Rodrigo García Palacios metió la cucharada (lo cual no está mal, de eso se trata) para salir en defensa de Colorado por nuestro presunta incapacidad para comprender su sátira y nuestro "enfervorecida defensa". Al parecer el señor Iván, que tan bien lee, no pudo detectar diferencias entre mi respuesta y la de David Osorio, que varios lectores notaron perfectamente y con la que incluso yo he tomado cierta distancia. 

Unos días más tarde publicó otra columna, en la que básicamente continúa con la misma confusión, ya que como aclararé más adelante, su cucharada partió de un error de interpretación, del que se pega como una lapa para continuar con la confusión que se extiende en sus dos escritos: la suposición errada que David y yo pensamos que no se puede satirizar el ateísmo. Claro que se puede, señor García, pero estos otros comensales que  vagamos leyendo por ahí, tenemos también el derecho, el tiempo y la voluntad para meter nuestras cucharas y responder a los textos que consideramos malos, sean humorísticos o no.

La columna de Gustavo Colorado, por las razones expuestas, me parece mala. Si era humor, pues igual me parece mala. El buen humor, como bien puede saberlo el señor García, es el que no desfallece en sus contenidos, así lo debe saber un aparente lector asiduo de Voltaire, Erasmo y compañía. Yo le recomendaría que antes de pontificar sobre la buena lectura y el buen humor de los demás, revisara los suyos propios, quizá se daría cuenta que cometió un error de lectura que lo llevó a meter la cucharada, y que los otros pueden, en lugar de carecer de humor, tener uno diferente. No todos nos reímos de los chistes malos. Y ya que veo que le gustan tanto los franceses, le recomiendo a Michel Onfray y su Tratado de ateología, ya que al parecer está confundido con su historia.

Cuando David Osorio y yo le exigimos disculpas a Colorado por "irrespetar el ateísmo", estamos simplemente señalando la contradicción del señor Colorado, que generaliza al decir que todos los ateos se burlan de los creyentes mientras a su vez satiriza o generaliza nuestras opiniones. Sacar de esa nimiedad dos columnas e incluso meter en la colada el pesado asunto de Charlie Hebdo, sobraba. Como sobraba entonces su dicotomía entre terrorismo e inteligencia y algunas otras comparaciones odiosas como aquello de "fanáticos del fútbol". No tenemos ningún problema con la existencia de las sátiras o textos críticos, aunque sí quizá con algunos de sus contenidos.

La segunda columna se basa en el mismo error de interpretación, continuando con una comparación innecesaria, e incluso de mal gusto, se cree el comentarista parte de una cofradía que posee no solo el humor y la comprensión de  lectura, sino  la inteligencia. Como yo no tengo el feo vicio de generalizar, no considero al señor García "idiota" o "imbécil", a pesar de que los únicos dos escritos que le he leído, me parecen, como bien ha señalado mi amigo Mateo Gómez, dos estupideces. Y se equivoca el columnista al ubicar a Gómez y León con los otros, ya que ellos nunca criticaron algo más allá de su texto, no insultaron al autor, solo calificaron sus textos con  adjetivos que creen merecidos. 

De la misma manera, no creo que el señor Colorado sea un mal escritor o un mal periodista, de hecho recomiendo mucho uno de sus libros (Yo me bajo en Atocha) y suelo disfrutar sus columnas y poemas. Me cuido de no confundir enemigos y contradictores, y no tengo la suficiente confianza para fustigar completamente una persona solo por algunos textos en los que no convenimos. Debemos alejar de nuestra polemología ese vicio tan superficial de juzgar al otro como cosa conocida solo ante un par de desacuerdos. Esto vale tanto para las disputas entre ateos y creyentes, vegetarianos y omnívoros, liberales y comunistas.

También le recuerdo al señor García que algunos de los ateos que mencioné, y que el retomó, andan o anduvieron en "congregación" y "pandilla". Richard Dawkins es uno de los ateos militantes más sobresalientes del momento y tiene incluso una fundación para promover el ateísmo, y el gran Stephen Jay Gould, a pesar de ser su contradictor intelectual, lo acompañó en algunas de sus batallas, como la lucha por evitar que se enseñara creacionismo como una alternativa científica a la teoría evolutiva. Hasta que se cansó de debatir con religiosos, porque según él, lo único que querían, en lugar de contrastar sus argumentos, era "el oxígeno de la respetabilidad" que estos debates les otorgaban.

Recuerden entonces cuidarse muy bien de las acusaciones que profieren, sus argumentos y sus presuntas buenas lecturas pueden convertirse en  boomerangs . Pero recuerden aún con más fuerza no generalizar sin necesidad ni evidencia, hay un espectro tan amplio y tan mezclado de opiniones que dichas pésimas caricaturas del otro van a terminar enredando más la madeja, y evitando que los interlocutores de verdad nos comuniquemos.





sábado, 24 de enero de 2015

Generalización y ateísmo- Respuesta a Gustavo Colorado

El escritor pereirano Gustavo Colorado, después de asistir a una charla de la Asociación de ateos de Cali, publicó una columna llamada Místicos del ateísmo. Allí critica algunos aspectos de esta visión cayendo en muchas contradicciones, falacias y malos argumentos. A pesar de que ya existe una respuesta, quiero ampliar la crítica sobre su escrito y señalar los que considero sus yerros. Empecemos.

 El primer error de Colorado consiste en pensar que todos los ateos somos iguales, que todos tenemos "una fe ciega  y a rajatabla enfocada a explicar el mundo y sus misterios a través del lenguaje  y los métodos de  la ciencia, siguiendo los principios básicos que el movimiento de la Ilustración postuló desde el siglo XVII". No todos los ateos comparten estos principios, de hecho, algunos ateos odian la ciencia, y muchos otros, aunque estamos de acuerdo con sus métodos y objetivos, no tenemos "una fe ciega y a rajatabla", ya que ese es, precisamente, uno de los principios básicos de la Ilustración: la crítica, el escepticismo.



Luego Colorado dice que la falta de respeto ante las creencias ajenas no es compatible con una visión del mundo que presuntamente apoya el pensamiento libre. ¿No debe acaso ser libre la crítica de las creencias y las visiones del mundo ajenas? ¿No ve la diferencia entre criticar las ideas de los demás e irrespetar a las personas? ¿No ve que está cayendo en una contradicción al no respetar al ateísmo? Como ya dijo el comentarista anterior, esperamos su disculpa en la sección de comentarios.

Confunde después, de manera conveniente, asociación con religión. ¿Son todas las asociaciones con líderes y objetivos, religiosas? ¿Implica fanatismo el gregarismo? ¿Piensa que los asistentes creen todo lo que el expositor de turno dice, como si fuera una misa? Lo que debería hacer Colorado, ante su desacuerdo, es buscar las razones por las que algunos ateos han decidido reunirse y si las puede desestimar, que lo dudo mucho, pues que lo haga. Yo mismo he asistido a algunas de esas reuniones y puedo constatar que tanto las asociaciones como las personas que asisten son diversas, y que sus objetivos son buenos : la promoción del laicismo, la crítica de su incumplimiento, la denuncia de los males que las religiones han causado y de los que siguen causando. ¿Tiene algo que decir al respecto en lugar de ridiculizar algo ante la primera impresión? Lo único que tenemos los ateos en común es la idea de que no existen los dioses y que podemos vivir sin ellos, no se puede meter en un mismo costal, tan olímpicamente, a una comunidad tan variopinta.

A pesar de que algunos ateos parecen creer que todos los creyentes son idiotas, pensar que todos lo hacemos es una falacia. Muchos críticos de la religión entendemos que ella hace parte de nuestras culturas, y que por tanto, hay muchas personas inteligentes que siguen teniendo algún tipo de creencia, y que muchos otros, además, siguen diciendo creer aunque sea evidente que no comparten muchas de las idioteces de la religión a la que muchas veces su cultura los obligó a pertenecer. ¿Cómo explicaría Colorado esta frase del ateo Michel Onfray?: "Prefiero un creyente inteligente a un ateo imbécil, así como también prefiero a alguien de derecha inteligente que a alguien de izquierda imbécil".

Pregunta el escritor dónde queda el libre albedrío para la elección de las creencias. ¿En serio? ¿Usar como ejemplo de libre albedrío la creencia religiosa? Claro que una persona debe ser libre de escoger creer en lo que quiera, pero eso está lejos de ser lo usual: así lo demuestra el hecho de que la mayoría de los creyentes sostengan la religión del país donde nacieron, o la de sus padres. Al parecer el escritor no tiene nada que decir sobre el adoctrinamiento infantil, ni sobre la poca separación entre iglesia y estado, ni sobre la nefasta influencia de las religiones en la educación, ni sobre todas las cadenas que las religiones le han impuesto al pensamiento libre. Así como los creyentes deben tener la libertad para creer en lo que les plazca, los ateos tenemos el derecho de criticar sus creencias, de hecho, así fue como muchos de nosotros terminamos siendo ex creyentes.

Continúa Colorado: ¿"Fe ciega en la ciencia"? La frase se contradice sola. Primero, sabemos que la ciencia tiene sus fallas y sesgos, pero a la vez sabemos que la forma de remediarlos está en su mismo corazón: la crítica, la evaluación constante, el contraste con la realidad. Sabemos,además, que la ciencia no es lo único que existe, que existe la filosofía, la ética, el arte y las demás formas que los humanos hemos usado a lo largo de la historia para tratar de aprehender el mundo. Y la poesía, por supuesto, señor Colorado: podemos seguir disfrutando y aprendiendo de la poesía, su pensamiento al respecto es un lugar común tan cacareado como criticado, y espléndidamente desmontado por ateos como Richard Feynman , Carl Sagan, Stephen Jay Gould y Richard Dawkins.

Defiende luego el columnista el supuesto hecho de que los creyentes no buscan demostrar su creencia. Momento...¿no estaba criticando la fe ciega unos párrafos atrás? Ahora, con un cambio de tono, llama a la fe, al dogmatismo, y a la inmovilidad, "intuición". Tanta sangre, tanta coerción, tanta  promoción de la ignorancia en nombre de una intuición. Además, los ateos no intentamos aportar pruebas porque el creyente lo pida o no, sino porque con esa misma carencia de evidencia y argumentos, muchos de ellos, o de las estructuras que los dominan, pretenden imponer su manera de vivir y de ver el mundo. Ahora resulta que son los ateos los dogmáticos, tentadora para algunos,  pero es una tergiversación de la historia.

En fin, no hay párrafo de la columna de Colorado que se salve, es una colección de sesgos y malos argumentos, lo que usualmente pasa cuando alguien se lanza a criticar las generalizaciones generalizando.


jueves, 8 de enero de 2015

Consignas y falacias

Cada enero vemos revivir en nuestro país la eterna discusión del maltrato animal. Con la llegada de las corralejas y las corridas de toros, llegan también los reclamos, protestas y argumentos de quienes lo repudian, y también de quienes, aunque dicen no disfrutar explícitamente del dolor producido a los animales, disfrutan y/o practican actividades que necesariamente lo generan. No es esta, por supuesto, una batalla con solo dos bandos, a ambos lados del espectro hay grados y matices, y también existen, como es usual, los que consideran que no es un tema importante y por tanto les es indiferente.
La confrontación por la tauromaquia es tan repetitiva que ocasión tras ocasión vemos desfilar ante nuestros ojos las mismas frases, los mismos intentos de justificación, las mismas imágenes; en pocas ocasiones tenemos la suerte de encontrar argumentos e ideas que rompen con las afirmaciones anquilosadas. Es tanto así, que los debates no lo parecen, sus participantes se limitan a leer sus decálogos sin prestar atención a sus errores, sin tener en cuenta el discurso del otro ni siquiera para mejorar el propio.
Por un lado vemos a los antitaurinos con una sensibilidad innegable, pero que lastimosamente se han dedicado en un buen número a repetir consignas que no resisten ningún análisis: "La tortura no es arte ni cultura", "Si la tauromaquia es arte, el canibalismo es gastronomía", entre otras. También muchos difunden estereotipos sobre sus contradictores: "mafiosos", "asesinos", "ordinarios", "paracos", "uribistas"...(A pesar del burdo intento de Uribe de confundir peras con manzanas). ¿De dónde sacaron tantos antitaurinos que la cultura es solo lo que un sector de la población considera bueno o deseable?¿De dónde sacaron que las cosas que ciertos sectores consideran malas no hacen parte de las tradiciones culturales de los pueblos? Convenientemente, eligen una acepción de la palabra para hacerse oír, pero aunque no lo quieran así, la cultura es amplia e incluye todo aquello que los grupos humanos han hecho de manera sostenida en el tiempo, incluso aquellos actos donde se golpea, se derrama sangre y se sacrifica. Así definida es evidente que la tauromaquia es una tradición cultual, aunque esto no implique que sea buena, válida o respetable.
La discusión sobre si es o no arte es mucho más compleja, debido, creo, a los múltiples desacuerdos en la definición de arte, pero podemos convenir que la tauromaquia comprende elementos estéticos y rituales que pretenden sacudir las emociones de los participantes y espectadores, englobando así buena parte de las definiciones propuestas. Tampoco tiene mucho sentido generalizar peyorativamente a quienes disfrutan de esta actividad, entre ellos hay hombres y mujeres, ricos y pobres, derechosos e izquierdosos, mestizos, negros y blancos. ¿No saben acaso que Antonio Caballero y Alfredo Molano son reconocidos protaurinos? ¿No han escuchado a Andrés Calamaro, Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat?¿No han leído a Ernest Hemingway, Fernando Savater, o Federico García Lorca? Otra generalización que cae en el vacío, otra demostración de que aunque sea más fácil repetir consignas que elaborar argumentos, debemos hacer el esfuerzo.
Del otro lado del espectro, tenemos a los taurinos entonando las mismas falacias y mentiras de siempre. Su favorita es la ad antiquiatem, que enuncia en este caso que la tauromaquia es una actividad válida y respetable solo por ser antigua, por ser una tradición. Afortunadamente las cosas no son así , para defender una actividad hay que presentar más y mejores argumentos además de sus años de historia. Esta falacia es muy usada por los mentados Caballero y Molano, y también subyace a la ley 84 de 1989, presunto estatuto nacional de protección animal que parece proteger más las tradiciones que los maltratan y sacrifican. Caballero y Molano también viven difundiendo otras falacias y mentiras: que su actividad debe ser respetada porque son una minoría, como si eso fuera razón suficiente; que la especie del toro de lidia desaparecería con el fin de la tauromaquia, como si eso se pudiera asegurar tan fácilmente, como si el toro de lidia fuera una especie y no simplemente una variedad de la especie tronco, y como si la extinción de una variedad doméstica tuviera muchas repercusiones negativas. No falta el incauto que les cree. Afortunadamente algunos como el genial Klaus Ziegler han destapado sus mentiras y señalado sus yerros y contradicciones.

Considero, como animalista convencido, que debemos cambiar el enfoque de nuestras protestas y reclamos, que para cambiar nuestra cultura primero es menester aceptarla y que no es necesario, al menos en este caso, abrir una brecha insalvable con los contradictores. Valen más las ideas estructuradas que las consignas, valen más los argumentos con evidencia a favor que los insultos, valen más los cambios culturales ampliamente debatidos que las prohibiciones por decreto. Con el paso de los años los humanos hemos venido ampliando nuestro círculo de consideración moral, hemos revisado con relativo éxito las costumbres que incluyen a los animales no humanos, incluso las alimenticias. Ojalá que mediante debates profundos y respetuosos logremos mitigar el dolor que infringimos a nuestros cotérraneos, que logremos superar las crueles tradiciones que generan asimetría entre el placer y el dolor de unos y otros, que sigamos avanzando en la construcción del paraíso, un paraíso que no dejará de tener conflictos pero que tendrá mejores maneras de resolverlos.

martes, 9 de diciembre de 2014

Aves en la literatura 4- Un día en el Paraíso: Carlos Framb

Llegué al poeta sonsoneño Carlos Framb (1964-...) a través de un libro del divulgador científico colombiano Antonio Vélez, en los epígrafes de su libro Del Big bang al Homo sapiens había trozos de poemas del nicaragüense Ernesto Cardenal y de este antioqueño, que con sus versos precisos y cargados de contenido me ha hecho reflexionar musicalmente, me ha invitado a conocerme más y ha hecho que mantenga siempre con uno de sus libros en mi mesa y uno de sus poemas en mi mente. Para un estudiante de biología como yo  es un placer leer en poemas las palabras que aparecen en nuestros libros de texto, y ver como se concatenan con compañeras que las embellecen y fortalecen, así Framb nos habla "del matizado coral y del tremolar del plancton" o "del cósmico espumar de la entropía irrevocable", logra que se entremezclen razón y placer de una forma algo inusual, negando una vez más la lejanía entre ciencia y arte. Sus poemas podrían ser calificados como naturalistas, son cantos al universo, al planeta, a la vida, te arrullan y te excitan, te hacen sonreír y te enseñan, te hacen recordar, te inducen a imaginar; por eso quizá Alberto Aguirre diría que el título de su libro: Un día en el Paraíso (1994), no es solo bello sino también justo.
Los dejo entonces con algunos poemas donde las aves aparecen ya sea directa o indirectamente:

Hermano del noble silencio

Bendita sea la simiente inmemorial que engendrara el
primer árbol: dónde gravitaría el ave sin su selva
rumorosa; dónde reposaría el caminante sin su
umbrátil llamarada; dónde –sin su levitación
acogedora– habría yo morado en las antiguas
intemperies y en los fríos, en los días pavorosos de mi
noche...
Todo en mi fisonomía conmemora un ayer entre sus
brazos: en sus flores aprendieron mis ojos de curioso
lémur a advertir los relieves y matices; en la grata
algarabía de sus aves maduraba la garganta de mi voz
y de mi verbo; la textura de sus frutos decantó la garra
en mano y caricia creadora; la osatura ascensional de
su ramaje unos músculos que hoy propenden al abrazo.
Es tantas cosas un árbol: sin la ofrenda y la premura
de su savia no correría mi sangre; sin su alquimia de
agua y luz en clorofila faltaría mi apremiante bocanada
y mi alimento de ser vivo; sin su dócil y envolvente
celulosa no sería la página en que hoy vengo a
celebrarlo, noble hermano en cuya fronda alguna vez
tuviera hogar y compañía de pájaros.


Pequeño laberinto armónico

De tal modo aviene el ruiseñor su cuerpo a la precisa
densidad del aire, que el más leve movimiento suyo es
perfecta acrobacia y tenue danza. Y de tal modo se
entiende con sus músicas mi ser, que su más ligero trino
es razón de dicha y ocasión de asombro para mí. ¡Cómo
puede el aire prestarse a tanta sutileza, a tal dulzura;
cómo puede existir una criatura toda de pluma y canto,
a tal punto celestial!
Nuestra mutua devoción por el canto coral prueba sin
duda una hermandad de siglos: si hay hambre para el
pájaro es mi hambre, y si agua, es mi garganta la que se
satisface. También en los sabores de la fruta yo me
embriago y del néctar de sus mieles me abastezco; para
el uno y para el otro es fascinante el vuelo, y para ambos
suele ser la vida generosa y buena.


Oceánica

Cómo habré de celebrar la incalculable y maternal
resplandecencia del océano: ese otro firmamento que
se ahonda en precipicio y donde es líquido el azul, ese
otro continente del cardumen armonioso, del
matizado coral y el tremolar del plancton, de abisales
radiolarios como flores cristalinas y versátiles delfines,
alcatraces y fragatas.
Que soy del mar lo revelo y llevo escrito en cada célula.
No puedo ocultar que de su vientre vengo y que fue
entre su amnios primordial donde alcanzaba el ser: allí
empezó la vida a desplegarse y con flagelos elevarse
hacia la luz; allí asumió por vez primera la pupila
transparencia y se hizo susceptible a la caricia del color;
allí perduran las burbujas antiguas de mi aliento, el
eco de mis arcaicos balbuceos, las atlántidas de mi
acuática memoria.
Algo aún –vaivén de mareas en mi sangre, vertimiento
de sales en mi piel, humedades de lágrima en la orilla
de mis ojos– atestigua mi ascendencia marina y
pisciforme.


Les dejo el link del libro por si les gustó: http://www.editorialpi.net/obras/paraiso.pdf

miércoles, 8 de octubre de 2014

Poemas sobre la muerte

La muerte es un tema complejo, quizá igual de complejo que la vida, y al fin y al cabo, son inseparables, ninguno de los dos fenómenos existe sin el otro. Es un tema además importante desde muchas perspectivas: salud, ciencia, filosofía, religión, arte... Sin embargo, cuando alguien pronuncia esta palabra, muchos prefieren mirar hacia otro lado, evitarla, huir de su confrontación, aunque en el fondo tengamos claro que a todos nos llegará la hora de enfrentarla. Son tantas las cosas que hacemos para ignorarla, que hasta nos inventamos otras vidas, soñamos con paraísos venideros y cielos imperturbables, y quizá por eso muchos descuidan su presencia en la Tierra, que al menos hasta donde sabemos es lo único que de verdad poseemos. Quiero entonces compartir estos poemas para que reflexionemos sobre ella por unos munutos, para que sintamos su ambivalencia, para qué nos abracemos a la vida  mientras vemos a la muerte como una parte de ella.

Gran escena de la muerte, Beckmann
Gran escena de la muerte, Max Beckmann, 1906



Omnis moriar

No soy el primer adán que sueña vanamente no morirse todo, y salvar algún instante de paraíso al censo irrevocable del olvido.

Pero la fuerza de la vida me ha enseñado que nada hay acumulado en letra que no sea ceniza de quemadas naves, que las huellas sólo quedan en las plantas del viandante, que he de pasar llevándome la esencia: el fulgor del sol, mil veces milenario y sin embargo cada día nuevo, los momentos aquellos en que me fue dado aquilatar el regalo y misterio de existir, la leve hora en el cálido contacto de otra piel, la conciencia de ser una forma irrepetible: dócil barro en la mano del tiempo, el vertimiento vivo del agua en la garganta de mi sed o en la almohada de mi llanto...

Moriré del todo, como este solitario instante, que ya no es.

Carlos Framb. Poeta y novelista colombiano (1964-...)


En los Funerales de un Amigo

Qué exequias más hermosas, qué gentío,
cuántas flores y sombras, cuánta pena,
con su mutis quedó sola la escena,
cuántas hojas caídas sin rocío.

Qué silencio en las voces, y qué frío
por el amigo muerto. Gime llena
de angustia el alma por el alma buena,
cómo me dueles, compañero mío.

La amistad y el amor están presentes,
la pluma y el talento están de luto,
nieblas hay en los ojos, en las frentes.

Y pienso al ver el fúnebre ajetreo
que por razones de mi ceño hirsuto
no irá a mi entierro nadie, ni yo, creo.

Ciro Mendía. Poeta y dramaturgo colombiano (1892-1979)

Nada de misereres

Yo no quiero morir, morir me asusta
y la muerte se me hace muy pesada,
me cae gorda la desnarigada,
pues no sabe de amor, ni a nadie gusta.

Me molesta y fastidia con su fusta
y con perdón, no sirve para nada,
es una pobre hembra fracasada,
y es aguafiestas y además injusta.

Yo no quiero morirme ni de broma,
me gusta más la pera que el fibroma,
más la luz que los largos apagones.

Me gusta más la risa que el lumbago,
por un responso que me den un trago
y el cielo se lo dejo a los gorriones.

Ciro Mendía. Poeta y dramaturgo colombiano (1892-1979)



Muerte de Klimt
Muerte y vida, Gustav Klimt


Cirios

Los días futuros se levantan ante nosotros
como una fila de pequeños cirios encendidos,
pequeños cirios dorados, cálidos y vivos.
Los días pasados permanecen entre nosotros,
triste hilera de cirios apagados.
Los más recientes humean todavía,
cirios fríos, fundidos e inclinados.
No quiero verlos; su aspecto me aflige.
El recuerdo de su antigua luz me daña.
Y contemplo delante de mis cirios encendidos.
No quiero ni volver la cabeza
ni constatar, temblando, cuán rápido
la sombría hilera se alarga,
cuán pronto los cirios apagados se
multiplican.

Constantino Cavafis, poeta griego (1863-1933)


[Qué es la muerte para el que la mira...]

Qué es la muerte para el que la mira
qué es la muerte para el que la siente
pesadez ignota, incomprensible dolor que el egoísmo trae
para éste
silencio, paz y nada para ése.
Sin embargo el uno siente que su orgullo se rebela, que su mente no soporta,
 que tras la muerte nada quede, que tras la muerte esté la muerte.
El otro, en su paz, en su silencio, en su majestad inconsciente siente
Nada siente
Nada sabe
Porque la muerte es la muerte
Y tras la muerte está la vida
Que sin la muerte sólo es muerte.

Humberto Maturana, biólogo y epistemólogo chileno (1928-...)





lunes, 29 de septiembre de 2014

Aves en la literatura 3- Faunética: Jose Eustasio Rivera

Esta es la tercera entrada de la serie Aves y literatura, que ya había iniciado con algunos poemas del poeta  argentino Leopoldo Lugones y continuado con el poeta peruano José Santos Chocano. En este caso, les comparto 3 poemas del poeta y novelista colombiano Jose Eustasio Rivera (1888-1928), famoso por la novela La vorágine, novela que es considerada un clásico de nuestra literatura, y que está enmarcada en los llanos y el Amazonas. Dichos poemas también son sacados del mismo fantástico libro:  Faunética. Antología poética zoológica panamericana y europea.


[UN GUADUAL QUE RUMORA...]

Un guadual que rumora mientras duerme el plantío;
y en la madre del cauce soñoliento y salvaje,
solitaria en un tronco donde el tumbo hace encaje,
una garza que sueña con las ondas del río. 
  En sus plumas de raso se abrillanta el rocío;
y después, cuando escruta, maliciosa, el paraje,
alargando su cuello sobre el simple oleaje,
clava, inquieta, los ojos en el fondo sombrío.
  Es un pez nacarino que irisándose juega
en la diáfana linfa del remanso callado;
la enemiga acechante los plumones despliega,
  con asalto certero del cristal lo arrebata,
y alza el vuelo llevándose en el pico rosado
un estuche de carne guarnecido de plata.

[VIAJERA QUE HACIA EL POLO...]

Viajera que hacia el polo marcó su travesía,
la grulla migratoria revuela entre el celaje;
y en pos de la bandada, que la olvidó en el viaje,
aflige con sus remos la inmensidad sombría.
  Sin rumbo, ya cansada, prolonga todavía
sus gritos melancólicos en el hostil paisaje;
y luego, por las ráfagas vencido su plumaje,
desciende a  las llanuras donde se apaga el día.
  Huérfana, sobre el cámbulo florido de la vega,
se arropa con el ala mientras la noche llega.
Y cuando huyendo al triste murmurio de las hojas
  de nuevo cruza el éter azul del horizonte,
tiembla ante el sol, que, trágico, desde la sien del monte,
extiende, como un águila, sus grandes alas rojas.

[CANTADORA SENCILLA]

Cantadora sencilla de una gran pesadumbre,
entre ocultos follajes, la paloma torcaz
acongoja la selva con su blanda quejumbre,
picoteando arrayanas y pepitas de agraz.
  Arruruúuu... canta viendo la primera vislumbre;
y después, por las tardes, el reflejo fugaz,
en la copa del guáimaro que domina la cumbre
ve llenarse las lomas de silencio y de paz.
  Entreabiertas las alas que a la luz tornasola,
se entristece, la pobre, de encontrarse tan sola; 
y esponjado el plumaje como leve capuz,
  al impulso materno de sus tiernas entrañas,
amorosa se pone a arrullar las montañas...
y se duermen los montes...Y se apaga la luz!


[TORNANDO DE LA ZONA...]

Tornando de la zona ultramarina
sobre la leve ráfaga de enero,
hoy ante el muro el pajizo alero
empezó a revolar la golondrina.
  Trémula, en vano, con el ala endrina
roza las grietas, y, al fulgor postrero,
eleva su reclamo lastimero
en la oquedad de la ventana en ruina.
  Punzada por la triste cantilena
vi que la tarde se nubló de pena;
y cuando el ave tras el bien perdido
  rasgó el azul del horizonte claro,
contagiada del mismo desamparo
mi alma también atardeció de olvido.